¿Qué pasa, manes? Llevo yendo a El Molinón desde que tengo uso de razón: casi treinta años. Primero de la mano, luego con los amigos y desde hace años con la cámara, pero siempre desde el mismo sitio — la grada. Mi asiento, mi bocadillo, mi cabreo y mi alegría. Y el sábado 6 de septiembre entré por otra puerta.
Estuve dentro de El Molinón desde las 12:30, cuatro horas antes del Sporting-Girona de la jornada 4: el estadio vacío, el vestuario montado, la llegada de los jugadores, el calentamiento a pie de césped y el partido desde encima de los banquillos. Esto es todo lo que vi, y sobre todo todo lo que no se ve por la tele.
Lo primero que te golpea no es lo grande que es. Es el silencio. Un campo de casi 30.000 personas sin nadie dentro suena a hierba recién cortada, a aspersores y a operarios gritándose de un fondo a otro. Y de repente entiendes una cosa: el estadio no es el ruido. El ruido lo ponemos nosotros.
Pisar el césped tiene truco, además: no se pisa. Se anda por el borde, por la banda, por donde te dicen. El césped de un día de partido está tratado, cortado al milímetro y con un dibujo que se hace expresamente para las cámaras. Tocarlo antes de tiempo es como meter el dedo en la tarta antes de soplar las velas.
Y de ahí, al vestuario. Que es lo que más me impresionó de todo el día, y mira que había cosas.
Es quirúrgico. Cada taquilla con su número encima, del 1 al que haga falta. La camiseta colgada y planchada, con el dorsal mirando a la puerta. Las botas alineadas. Las chanclas puestas. El agua. Las medias dobladas. Y todo eso cuatro horas antes de que llegue nadie, hecho por gente cuyo nombre no sale en ningún sitio.
Yo me quedé mirando el 10 de Gelabert, el 11 de Konrad y el 35 de Ferreres colgados en fila y pensé: aquí dentro, dentro de tres horas, se va a decidir cómo salen estos tíos a jugar. No en la pizarra: aquí, en este silencio.
Sobre las 14:30 empieza el goteo. Y aquí es donde se te cae la solemnidad de golpe, porque llegan como llega cualquiera a currar: con los cascos puestos, el neceser bajo el brazo, mirando el móvil y saludando a todo el mundo por el pasillo del espacio Quini.
Ninguno pasó de largo. Ninguno. Y eso, para uno que lleva media vida gritándoles desde la grada, descoloca bastante. Te das cuenta de que la distancia que hay entre el que juega y el que anima es mucho más pequeña de lo que parece desde el asiento 12 de la fila 30.
Si algún día podéis elegir un solo momento para verlo desde abajo, elegid este. El calentamiento a pie de césped es una barbaridad. Por dos motivos que la televisión no te transmite jamás:
Y luego está la escena de arriba, que para mí resume el día entero: el mate y el termo a pie de banquillo, con el estadio llenándose por detrás. Un rito de vestuario de toda la vida, que en un club como el Sporting convive con la camiseta prematch, las cámaras y los focos. Fútbol moderno y fútbol de siempre en el mismo metro cuadrado.
Vi el Sporting 0-2 Girona desde justo encima de los banquillos, y os aviso de una cosa: desde ahí se sufre muchísimo más.
Oyes al segundo entrenador. Oyes al cuarto árbitro. Oyes cuando un jugador pide el cambio y cuando otro se queja de que no le pitan. Y sobre todo oyes al banquillo reaccionar antes que la grada: ellos ven venir las jugadas dos segundos antes que tú, y por sus caras sabes si lo que viene es peligro o no.
El partido ya sabéis cómo fue: dominamos, el Girona tiró dos veces y metió dos goles —la vaselina de Asprilla al 27 y el golazo de Carles Pérez al 76—, Gazzaniga sacó todo lo demás, y aun así El Molinón se levantó a aplaudir al final. Todo el análisis, el uno a uno y el debut del canterano Bruno Rubio están en el postpartido.
Al final del día, cuando salieron los jugadores, varios se pararon a firmarme la camiseta. La camiseta del Sporting con «ELOPI23» a la espalda, que serigrafié en la tienda de Siroko en Gijón — ahí puedes ponerte el dorsal y el nombre que quieras, el de tu jugador o el tuyo propio, aplicando el código ELOPI23.
Y sigo con la misma duda que os planteé en el postpartido: ¿la sorteo entre vosotros o la cuelgo aquí detrás de fondo? Decídmelo en los comentarios, que esto lo decidís vosotros.
Os lo pregunto mucho, así que os lo dejo claro: lo que hice yo fue posible porque el club nos abrió la puerta, y eso no es algo que se pueda comprar. Pero El Molinón sí se puede vivir de otras formas:
Este año, además, todo lo que pasa en El Molinón lo vas a tener aquí: la clasificación de la Hypermotion al minuto, las jornadas con sus fichas, tu voto en Tu once antes de cada partido y Las notas después.
Gracias otra vez al Sporting y a Siroko por dejarme contarlo. Casi treinta años yendo a El Molinón y me ha hecho falta entrar por la otra puerta para darme cuenta de lo grande que es lo que tenemos. PUXA SPORTING. 🔴⚪
El estadio empieza a trabajar a mediodía, unas cuatro horas antes del pitido inicial. Con la grada vacía lo primero que llama la atención es el silencio: se oyen los aspersores y a los operarios de un fondo a otro. El césped está cortado con el dibujo hecho para las cámaras y no se pisa: se anda por la banda y por donde indica el club. A partir de las 14:30 aproximadamente empiezan a llegar los jugadores por el pasillo del espacio Quini, y sobre la hora del calentamiento el estadio ya se está llenando.
Está montado por completo varias horas antes del partido y es extremadamente ordenado: cada taquilla numerada, la camiseta colgada y planchada con el dorsal mirando hacia la puerta, las botas alineadas, las chanclas puestas, las medias dobladas y el agua preparada. En la visita del 6 de septiembre de 2026 estaban colgadas, entre otras, las camisetas de Gelabert (10), Konrad (11) y Ferreres (35), con el escudo del club presidiendo la pared.
El acceso a zonas como el vestuario, el túnel o el borde del césped un día de partido no está abierto al público: es una zona de trabajo del club y requiere acreditación o invitación. En este caso fue el propio Real Sporting de Gijón quien abrió la puerta, con Siroko de por medio. Para el aficionado, la mejor forma de vivir El Molinón sigue siendo la grada, y entrar unos 45 minutos antes para ver el calentamiento completo y cómo se llena el estadio.
Sobre todo dos cosas. La primera, el sonido: un pase tenso de veinte metros suena como un escopetazo y en televisión no existe. La segunda, la velocidad: desde la grada el fútbol parece lento, pero a dos metros no se puede seguir el balón con los ojos. Además, desde encima de los banquillos se oye al segundo entrenador, al cuarto árbitro y a los jugadores pedir el cambio, y se nota que el banquillo ve venir las jugadas un par de segundos antes que la grada.
El Real Sporting de Gijón 0-2 Girona FC de la jornada 4 de LaLiga Hypermotion 2026/27, disputado el sábado 6 de septiembre de 2026 a las 16:15 en El Molinón. El Girona marcó con una vaselina de Asprilla en el minuto 27 y un gol de Carles Pérez en el 76, con Gazzaniga como mejor del partido. Pese a la derrota, El Molinón despidió al equipo con una ovación.
Eloy González Marañón, «Elopi23», es un creador de contenido asturiano que lleva casi treinta años yendo a El Molinón como aficionado y que cuenta al Real Sporting de Gijón desde 2012 en YouTube, Kick e Instagram. La visita fue posible gracias al propio club, que le dio acceso a las zonas internas el día del partido, y a Siroko, patrocinador del Sporting. El resultado es un vídeo y este reportaje contando la jornada desde dentro.
Opina como en la caja de comentarios de YouTube, pero en casa. Sé educado, guaje, que esto lo lee gente de bien.