Si hay una noticia que ha hecho que a más de un aficionado español se le caiga el café esta semana, es esta: Fermín López no irá al Mundial. Fractura del quinto metatarsiano del pie derecho. Operado el 19 de mayo. Recuperación de 2 a 3 meses. El torneo arranca el 11 de junio. El fútbol, una vez más, ha recordado que le importa bastante poco tus planes.
Lo cruel del contexto: Fermín venía de regalarnos la mejor temporada individual de cualquier jugador del Barcelona en años: 13 goles, 17 asistencias, actuaciones de 10 semana tras semana. Se lesionó en el penúltimo partido de liga. Salió al descanso. Y ya no vuelve hasta el otoño.
Luis de la Fuente tiene ahora una papeleta complicada. El Barça ya tenía nueve jugadores en la prelista. Fermín era el que más desequilibrio ofensivo aportaba. Hay opciones —Pedri, Gavi, Olmo, Zubimendi— pero sustituir 13+17 no es cambiar un nombre en una pizarra. Es cambiar una filosofía de partido.
¿Lo bueno? Fermín tiene 23 años, la operación fue con éxito y el fútbol tiene memoria larga. En 2030 habrá otro Mundial. Y ese Fermín llegará con las ganas de quien se quedó fuera una vez. Esto no es un adiós. Es un "nos vemos en cuatro años, con venganza".