¿Qué pasa, manes? Hoy no hay bromas. Hoy toca escribir uno de esos artículos que uno preferiría no tener que escribir nunca, pero que a la vez es un honor poder escribir: Leo Messi se ha retirado de la selección argentina. Lo acaba de anunciar en sus redes como solo podía hacerlo él: sin vídeo producido, sin nota de prensa, sin agencia de comunicación. Tres hojas de libreta escritas a mano y un boli encima del sofá. Veinte años de historia despedidos con la letra de un chaval de Rosario. Se acabó. El 10 de la albiceleste ya es historia. End of an Era.
La carta la escribió, según cuenta él mismo, a los pocos días de la final del Mundial, y la ha estado guardando mes y medio hasta estar seguro. Merece leerse entera, pero hay frases que se te clavan: "Fue una decisión que dolió y duele el alma, pero entiendo que es el momento". "Les juro que siempre dejé todo, no solo los últimos años que se ganó todo — antes también: siempre peleé y me dejé todo por esta camiseta, por darles alegrías y hacer que se sientan orgullosos de ser argentinos a través del fútbol". Y la que me rompió del todo: "Me vacié, ya no tengo más para dar, y aparte vienen chicos muy grandes atrás que merecen estar". Termina diciendo que ahora será "uno más de ustedes, alentando y bancando siempre desde afuera — en las buenas, y en las malas mucho más". Se despide con un "¡¡Vamos Argentina!!". Si esto no te moja el ojo, revísate el corazón.
Porque que nadie se olvide: esto no fue un camino de rosas, fue la historia de amor más sufrida que ha dado este deporte. Debutó con la absoluta en agosto de 2005 contra Hungría y duró 47 segundos en el campo: entró, le agarraron, sacudió el brazo y roja directa. El mejor debut-anécdota de la historia: el tío que acabaría siéndolo TODO empezó llorando en un vestuario. Ese mismo año ya era campeón del mundo sub-20, y en 2008 colgaba el oro olímpico de Pekín. Parecía que lo de ganar con Argentina iba a ser un trámite.
Fue todo lo contrario. La final del Mundial 2014 perdida en el Maracaná con el gol de Götze y aquella mirada perdida pasando junto a la Copa. Las finales de Copa América de 2015 y 2016 perdidas a penales contra Chile — la segunda, fallando el suyo. Y entonces, la primera despedida: "Se terminó para mí la selección", dijo aquella noche de 2016 en New Jersey, roto. Argentina entera salió a la calle con el "No te vayas, Leo" — hasta el mismísimo Maradona, que había sido su seleccionador en Sudáfrica 2010, le pidió que siguiera. Y volvió. Menos mal que volvió.
Y llegamos al final del cuento, que esta vez nos toca de lleno. Messi llegó al Mundial 2026 con 39 años jugando su sexto Mundial — récord absoluto de la historia — y en vez de pasear, arrastró a Argentina otra vez hasta el final: las lágrimas de Atlanta contra Egipto en octavos (la foto de arriba), Suiza en cuartos, la batalla contra Inglaterra en semis… y la final del MetLife del 19 de julio. La que viví en directo con mi familia: España 1-0 en la prórroga, gol de Ferran Torres, la segunda estrella. Aquella noche celebré como nunca en mi vida… y aun así, cuando las cámaras enfocaron al 10 mirando la Copa que se le escapaba por segunda vez, algo por dentro se me encogió. Al GOAT lo retiramos nosotros, y lo digo con todo el orgullo del mundo y con todo el respeto del universo: no hay mayor honor que ese. Para ganarle la última a Messi hizo falta la mejor España de la historia y una prórroga. Como debía ser.
Dos minutos de carrera albiceleste. Dale al play con un pañuelo a mano.
Yo crecí discutiendo Messi-Cristiano en el patio, viéndolo destrozar LaLiga cada fin de semana, y de mayor tuve el privilegio de verlo en directo en su último Mundial. Se retira de su selección el futbolista más grande que ha existido, y lo hace como jugó siempre: sin ruido, sin humo, con verdad. Nos quedan sus últimos bailes de club, pero la camiseta albiceleste con el 10 ya es patrimonio de la historia. Solo queda ponerse de pie y aplaudir hasta que duelan les manes. Gracias por tanto, Leo. GOAT no es un debate: es tu apellido. 🐐🇦🇷
Opina como en la caja de comentarios de YouTube, pero en casa. Sé educado, guaje, que esto lo lee gente de bien.