Por fin ganamos en El Molinón, aunque nos costó más de la cuenta contra un Zaragoza que nos dominó durante todo el partido. Ganamos 1-0 gracias al gol de Juan Otero en el minuto 25, en una de las pocas ocasiones que generamos en primera mitad. Desde ahí, el equipo se replegó excesivamente y aguantó con lo justo. Sufrimos demasiado: el rival nos metió 22 disparos, aunque solo 3 llegaron con claridad a puerta. Eso sí, Dani Jiménez estuvo atento cuando fue necesario, pero no podemos permitirnos este nivel de regularidad si queremos pelear por el ascenso.
La acción decisiva llegó temprano con Otero finiquitando una jugada que había estado gestándose en nuestros primeros minutos. Luego desaparecimos del partido. Apenas pisamos el área contraria, apenas generamos peligro. Con solo 33% de posesión y 4 tiros, parece que fuimos a defender más que a ganar. Recibimos una tarjeta roja que complicó aún más el panorama, convirtiéndolo en un calvario defensivo.
Esto es lo mínimo, la realidad. Ganamos a un rival directo, sí, pero el rendimiento fue vergonzoso. Para competir por el ascenso necesitamos equipos que controlen los partidos, que generen ocasiones, que no dependan de un portero en forma. El Sporting debe mejorar drásticamente si pretendemos estar arriba. Esta victoria es un punto, nada más.