Volvimos de Anduva con las manos vacías. El Mirandés nos ganó 2-1 en un partido donde tuvimos más balón pero no supimos convertirlo en ocasiones claras. Nuestro equipo llegó a Mendizorrotza sin intensidad, sin esa hambre que se exige para competir por el ascenso. Permitimos que el rival nos superara en determinación y nos metieron dos goles que pudimos evitar con mejor concentración defensiva.
Carlos Fernández nos adelantó en la segunda mitad con un gol que nos dolió porque llegó cuando podríamos haber puesto orden. Lo peor llegó en el minuto 88 con Gonzalo Petit, cuando el partido ya se nos escapaba. Sí, marcamos un gol, pero fue insuficiente ante esa falta de efectividad ofensiva. Con ocho remates totales y apenas dos a puerta, quedó claro nuestro problema: no generamos peligro real. El Mirandés, con 20 tiros y 9 a puerta, nos superó en capacidad de definición.
Esta derrota duele porque no fuimos un equipo competidor. Tuvimos la pelota pero no el carácter que pide esta categoría. No vale poseer más balón si no traduces eso en goles. Nos falta ambición en ataque, esa voracidad de quien quiere estar arriba. El Sporting tiene que exigirse más, mucho más. A este ritmo, nos alejamos del objetivo.