Ganamos en El Molinón, pero por fin llegaba ese gol que nos perseguía toda la tarde. El Sporting tuvo control del partido durante los noventa minutos, con más posesión y mucha más efectividad en ataque. Nos costó más de la cuenta, la verdad, porque el Granada se defendió bien y nosotros no fuimos lo incisivos que debimos ser en la primera mitad. Sin embargo, en los últimos compases, cuando parecía que nos íbamos con las manos vacías, César Gelabert nos salvó en el minuto 89 con un gol que supone tres puntos de oro.
El encuentro fue de esos donde generamos peligro constante pero sin esa claridad que caracteriza a los grandes equipos. Lanzamos quince disparos, cinco a puerta, mientras que el Granada apenas nos inquietó con dos. Las oportunidades estuvieron ahí, pero nos faltó acierto durante la mayor parte del partido. El gol de Gelabert en el tiempo de descuento fue la culminación de nuestro dominio, aunque habría sido más justo si hubiéramos resuelto antes.
Mira, ganar en casa está bien, pero contra un rival de la zona media no podemos permitirnos estos suficimientos. Si queremos pelear por el ascenso de verdad, necesitamos ser más contundentes desde el inicio, no depender de los goles en el último suspiro. Este equipo tiene calidad, pero debe traducir su juego en goles con mayor consistencia. Eso es lo que nos separará de los aspirantes reales.