Perdimos 3-2 contra el Cádiz en el Nuevo Mirandilla y no hay excusas que valgan. Tuvimos la posesión, disparamos veinticinco veces y solo encajamos cinco tiros a puerta, pero eso de poco sirve cuando no somos capaces de cerrar un partido. El Cádiz nos castigó en transiciones rápidas mientras nosotros éramos imprecisos en el último pase. Es frustrante porque dominamos buena parte del encuentro, pero el fútbol se decide en detalles y hoy fallamos en los que importan.
García Pascual nos adelantó pronto, en el minuto once, y desde ahí nunca fuimos capaces de recuperar el control emocional. Luego Brian Ocampo sentenció en el 53, cuando parecía que íbamos a reaccionar. Gaspar Campos marcó en el 90+3, dándonos un rayo de esperanza que llegaba demasiado tarde. Esa es la realidad: nos despertamos cuando ya no hay tiempo.
Este resultado nos perjudica enormemente si queremos pelear por el ascenso. No podemos permitirnos tropiezos así, regalando partidos que deberíamos ganar con esa superioridad que mostramos en el campo. El equipo tiene calidad, pero le falta mentalidad competitiva. Si queremos estar arriba, necesitamos estar concentrados noventa minutos, no noventa y uno.