Ganamos 3-0 en El Molinón contra el Mirandés y, por fin, tuvimos una tarde de esas en las que todo fluye como debe. Dominamos el partido de principio a fin, controlamos la posesión con un 60% que nos permitió imponer nuestro ritmo. El equipo salió enchufado desde el primer minuto y eso se notó en cada acción. La defensa estuvo sólida, apenas sufrimos llegadas peligrosas del rival, que apenas generó ocasiones claras. Fue un partido serio, profesional, de los que necesitamos para seguir metidos en la pelea por arriba.
Guillermo Rosas abrió la lata en el minuto 73 con un gol que llegó algo tarde pero que certificó la superioridad que veníamos demostrando. Con los dos tantos restantes cerramos la faena, aunque quiero ser honesto: el Mirandés nos costó más de la cuenta en defensa de lo que debería. Tuvimos 16 tiros totales, seis a puerta, pero esperaba mayor contundencia ofensiva ante un rival que bajó los brazos pronto.
Mira, ganar 3-0 en casa está bien, pero aquí viene lo importante: esto es lo mínimo contra equipos de esta categoría. Si queremos pelear por el ascenso de verdad, no podemos permitirnos sueños fáciles. Necesitamos consistencia, y sobre todo, ser destructivos también contra los rivales de arriba. Esto mola, pero la exigencia debe crecer.