Volvimos de Ipurua con las manos vacías después de una derrota que duele porque teníamos opciones para sacar algo positivo. El Eibar nos superó en momentos puntuales, pero nosotros no estuvimos a la altura que exige competir por el ascenso. Perdimos 1-0 en un partido donde la posesión fue prácticamente igualada, pero donde cometimos los errores que nos condenaron. No fue un rival arrollador, pero nosotros tampoco ofrecimos la intensidad y la precisión que necesitamos.
El gol llegó en el minuto 48, cuando Ander Madariaga nos sorprendió tras el descanso. Fue un golpe psicológico importante porque entramos dormidos en la segunda parte. A partir de ahí, intentamos reaccionar, pero nuestros tiros a puerta fueron insuficientes: apenas cuatro disparos entre los tres palos frente a los cinco del Eibar. La expulsión que recibimos complicó las cosas, pero eso no justifica que no hayamos sido capaces de generar más peligro.
Esto no vale. Si queremos estar en la lucha por el ascenso, no podemos perder contra rivales como el Eibar sin competir al máximo nivel. Nos falta ambición en ataque, mejor salida de vestuarios y capacidad para mantener la concentración los noventa minutos. El equipo tiene calidad, pero está siendo inconsistente. No se trata de jugar bien: se trata de ganar partidos, y eso es lo que no estamos haciendo.