Volvemos a dejar puntos en El Molinón y es para tirar las manos a la cabeza. Ganamos 1-0 con Juan Otero en el minuto 7, dominio claro en el campo, posesión del 58%, superiores en cada aspecto. Pero llegó el descanso y nos metieron dos golpes seguidos: Juric en el 45 y Canós en el 45+4. Así no se gana nada. Tuvimos reacción con el gol de Pablo Vázquez en el 80, pero fue tarde, demasiado tarde.
El partido fue un espejo de nuestras inconsistencias. Salimos enchufados, aprovechamos la primera ocasión clara. El Valladolid apenas nos generaba peligro, sacamos 17 tiros totales contra sus 12, la pelota era nuestra. Pero la gestión del partido fue desastrosa. Esos dos goles en cinco minutos justo antes del descanso nos desmoronaron. Pudimos haber sentenciado, Vázquez llegó tarde para lo que merecíamos.
Un empate a domicilio en casa es inaceptable cuando queremos pelear por el ascenso. Necesitamos equipos competitivos, no estas claudicaciones mentales. Con esta mentalidad de relajarnos cuando vamos ganando no llegamos a ningún lado. El Valladolid salió del campo más feliz que nosotros, y eso dice todo. Tenemos que ser más fieros, más concentrados. Un punto no nos sirve, punto.