Hemos vuelto a defraudarnos a nosotros mismos. Un cero a cero en casa ante el Leganés es un resultado que sabe a poco, muy poco. Cuando tienes la posesión, cuando disparas doce veces y solo cuatro van a puerta, cuando juegas en El Molinón con nuestra gente detrás, no puedes irte del campo sin los tres puntos. Empatamos sin goles, sin emoción, sin ese nivel de exigencia que se supone debe caracterizar al Sporting cuando aspira al ascenso.
El partido fue un festival de imprecisión ofensiva. Tuvimos oportunidades, generamos juego, pero nos faltó ese punto de decisión, ese último pase, ese disparo contundente que define encuentros. El Leganés apenas nos generó peligro, no disparó a puerta ni una sola vez, lo que demuestra que defensivamente no estábamos en crisis, pero ofensivamente fuimos patéticos. No supimos romper su bloque bajo y eso es inaceptable.
Con esta forma de competir no llegamos a nada. Un punto aquí, un punto allá, y así nunca lucharemos por el ascenso. Necesitamos equipos que maten partidos, que cuando tienes ventaja táctica la explotan sin piedad. El Sporting tiene que entender que en Segunda División cada punto desperdiciado es oro perdido. Así no podemos soñar con Primera.