Volvemos de Andorra con las manos vacías y eso es inaceptable. Perdimos 1-0 en un partido donde fuimos absolutamente inferiores, dominados de principio a fin. Con apenas el 33,5% de posesión y solo 4 tiros totales, no dimos la talla que se espera de un equipo con aspiraciones de ascenso. El Andorra nos asfixió en el medio del campo, nos forzó a defendernos casi todo el encuentro y nosotros no supimos generar peligro real, ni siquiera logramos rematarle a puerta en toda la tarde.
El gol que nos metieron llegó sin que nosotros ofreciéramos prácticamente resistencia ofensiva. Mientras ellos generaban ocasiones constantemente —22 tiros totales contra nuestros 4—, nosotros apenas molestamos. Apenas conseguimos tres paradas en toda la jornada, lo que refleja lo poco que presionamos al portero rival. Fue un partido de los que se pierden por incompetencia, no por mala suerte.
Este resultado es inaceptable para un Sporting que pretende competir por el ascenso. No podemos jugar así, con esa pasividad, sin intensidad ni criterio. Necesitamos una reacción urgente porque así, desapareciendo en los campos, nunca llegaremos donde queremos. La exigencia debe ser máxima.