El Mirandés se topó con un Cádiz eficaz en Anduva. Los gaditanos sentenciaron el encuentro en los primeros diez minutos con dos golpes de precisión que definieron completamente el rumbo del partido. El equipo burgalés dominó el balón durante toda la tarde—59.4% de posesión—pero careció de efectividad cuando más importaba. Los locales generaron volumen de juego con 22 tiros totales, aunque solo seis llegaron con peligro real, mientras que su portero tuvo que intervenir en cuatro ocasiones. El Cádiz, por su parte, ejecutó una estrategia mucho más conservadora basada en el contragolpe y la efectividad.
Brian Ocampo abrió la lata en el minuto 6 con un tanto que puso al conjunto gaditano por delante sin aparente esfuerzo. Apenas cuatro minutos después, Youssouf Diarra amplió la ventaja con el 0-2, golpe del que el Mirandés nunca se recuperó. A partir de ese momento, el partido perdió intensidad competitiva. El equipo local tuvo la posesión y acumuló ocasiones, pero la defensa visitante fue impenetrable. Sin tarjetas amarillas ni rojas en todo el partido, el encuentro transcurrió sin tensiones disciplinarias.
Este resultado deja al Mirandés con más interrogantes que respuestas sobre su capacidad goleadora. El Cádiz, en cambio, demuestra que puede ser letal aprovechando sus oportunidades, construyendo una victoria contundente lejos de casa que refuerza su consistencia competitiva en la categoría.