Volvemos a casa con las manos vacías después de una tarde decepcionante en El Sardinero. Perdimos 3-1 frente al Racing en una jornada donde controlamos el balón, tuvimos más ocasiones y territorio, pero nos falta lo más importante: efectividad y solidez defensiva. Nosotros generamos más que el rival, completamos 55% de posesión y lanzamos 15 tiros, pero solo acertamos 5 a puerta. Eso en Segunda División no es suficiente para competir por nada.
El Racing nos sorprendió temprano con el gol de Guliashvili en el minuto 10, y ahí debimos reaccionar con más carácter. La verdad es que nos fuimos apagando conforme avanzó el encuentro. Lo peor vino al final, cuando nos metieron dos goles en cinco minutos de Asier Villalibre que nos hundieron definitivamente. Esos minutos finales reflejan exactamente nuestro problema: falta de concentración en momentos críticos.
No vale de nada dominar si no sabemos ejecutar. Tenemos plantilla para pelear por el ascenso, lo sabemos todos, pero estas actuaciones nos alejan del objetivo. Necesitamos equipo de guerra, de mentalidad ganadora, no de posesión estéril. Si queremos estar arriba, esto tiene que cambiar ya mismo. El Sporting merece más.