Perdimos 1-0 contra el Burgos en un partido que nos deja un sabor amargo porque fuimos superiores durante noventa minutos. Controlamos la posesión con el 52% y generamos más ocasiones, pero no fuimos capaces de traducir eso en goles. Nuestro portero tuvo que intervenir en tres ocasiones para mantener el resultado, pero al final, en el 90+1, Fernando Niño nos metió el gol que sentenció la eliminatoria. Es frustrante porque nos entregamos, pero el fútbol se decide en detalles y hoy nos faltó eficacia.
El partido fue equilibrado en intensidad, pero claramente favorecedor para nosotros en términos de dominio. Sacamos once tiros, aunque solo dos llegaron con peligro real a puerta, mientras que el Burgos apenas nos inquietó. El gol llegó cuando menos lo esperábamos, en el tiempo de descuento, con una acción que no supimos defender. Eso es inaceptable a este nivel.
Este resultado nos duele porque evidencia nuestro mayor problema: la falta de eficacia ofensiva. Controlamos, dominamos, pero no metemos goles. Si queremos competir por el ascenso, no podemos permitirnos estos fallos. Necesitamos jugadores capaces de resolver en el área, porque así no llegaremos a donde queremos. El Sporting debe exigirse más.