Ganamos 3-0 al Cádiz en El Molinón y, por fin, dimos una exhibición de autoridad en casa. Fue un partido donde controlamos sin asfixiar, con una posesión prácticamente igualada pero mucho más efectivos que ellos. El equipo salió enchufado desde el primer minuto, entendiendo que este era un rival accesible y que no podíamos permitirnos titubeos. Nos costó menos de la cuenta en comparación con otros partidos donde sufrimos innecesariamente contra equipos de esta entidad.
Los goles llegaron en momentos clave. Dubasin abrió la lata en el 32 con un tanto que nos puso en control del encuentro. Ya en la segunda parte, Juan Otero amplió la ventaja apenas pasados los primeros minutos, y eso prácticamente sentenció el partido. Dubasin cerró la goleada en el 77 con su segundo tanto, aprovechar una defensa rival desorganizada. Fueron golpes limpios, sin necesidad de sufrir demasiado ni de que el Cádiz nos generara verdadero peligro.
Pero aquí viene lo importante: esta es la victoria que debemos firmar cada fin de semana contra rivales así. No podemos permitirnos celebrar como si fuera un hito. Si queremos estar arriba, necesitamos ser implacables con estos equipos y además ganar a los grandes. El Sporting tiene nivel para competir por el ascenso, pero estas goleadas deben ser la norma, no la excepción. Hay que mantener esta intensidad.