Perdimos en casa contra el Ceuta en una jornada donde no estuvimos a la altura. El Molinón fue testigo de una actuación que duele porque tenían opciones de competir, pero nos faltó intensidad desde el primer minuto. Ellos vinieron con hambre, nos presionaron arriba y nosotros no supimos responder con la agresividad que exige esta categoría. Con un 54% de posesión para ellos, quedó claro que no fuimos nosotros quienes marcamos el ritmo del partido.
Konrad De La Fuente nos sorprendió pronto en el 28, y dos minutos después Gaspar Campos logró igualar. Parecía que podíamos remontar, pero ahí terminó nuestro partido. El Ceuta marcó el 2-1 en un momento donde deberíamos haber sido más efectivos. Tuvimos solo tres tiros a puerta frente a sus ocho; eso resume perfectamente nuestra impotencia ofensiva. Las tarjetas amarillas no son excusa, pero reflejan que cometimos demasiadas imprecisiones.
Esta es la realidad que no podemos aceptar si queremos competir por el ascenso. No basta con tener paradas en defensa; necesitamos ofensiva, precisión y hambre competitiva. El equipo sigue sin mostrar la consistencia que piden estas alturas. Así no vamos a ningún lado en una categoría tan exigente.