Volvimos de La Rosaleda con las manos vacías después de una actuación que nos deja tocados. Salimos bien, Jonathan Dubasin nos puso por delante en el minuto 11 y tuvimos la oportunidad de controlar el partido. Pero el Málaga nos arrolló con superioridad clara. El equipo perdió intensidad, cedimos el balón de forma alarmante —solo tuvimos el 34% de posesión— y nos vimos superados en todos los aspectos del juego.
Chupete empató en el 54 y ahí se nos vino encima. Joaquín Muñoz sentenció en el 86, cuando ya estábamos rotos. Las cifras son despiadadas: ellos tiraron 24 veces, nosotros apenas 5. Solo dos llegaron a puerta. Recibimos cinco tarjetas amarillas y una roja que evidencian nuestra indisciplina táctica. No fuimos capaces de competir ni de mantener la concentración.
Esto es inaceptable para un equipo que aspira a ascender. No se trata de que el Málaga fuera superior —lo fue— sino de que nosotros nos desmoronamos. Entregamos el partido demasiado pronto, sin luchar de verdad. Si queremos pelear por el ascenso, estas actuaciones deben quedarse atrás. El equipo necesita reaccionar ya, porque así, con este nivel, no llegaremos a donde queremos.