Perdimos en La Rosaleda contra un Málaga que nos superó en todos los aspectos. Comenzamos bien, es verdad, con ese gol tempranero de Dubasin en el minuto 11 que nos ponía por delante. Pero a partir de ahí, el partido fue un calvario. El equipo desapareció del terreno de juego, nos faltó intensidad, actitud y, sobre todo, carácter para competir. Con apenas el 34% de posesión, quedamos completamente dominados por un rival que nos generó constantemente peligro.
El Málaga nos metió dos goles que reflejan nuestras carencias defensivas. Chupete empató en el 54, y la cosa se torció aún más cuando vimos la roja directa. A partir de entonces, fuimos manejados a voluntad. Joaquín Muñoz sentenció en el 86 con un marcador que no refleja la diferencia real entre ambos equipos. Solo hicimos dos tiros a puerta frente a los siete del Málaga, cifras que hablan por sí solas.
Esto no es admisible si queremos pelear por el ascenso. No se puede ir a ningún campo con esta actitud pasiva. Necesitamos jugadores que compitan, que tengan hambre, que salgan a presionar desde el minuto uno. Así, tal como estamos, no llegaremos a nada. El equipo necesita un cambio de mentalidad urgente.