Ganamos en Los Cármenes por fin, pero nos costó más de la cuenta. El Granada nos metió uno en el minuto 2, casi sin aviso, y desde ese momento la tarde fue un calvario. Tuvimos que sufrir una hora larga con un equipo que controlaba la posesión y nos apretaba constantemente. No fuimos nosotros, la verdad, pero el Sporting tiene ese gen de no rendirse que no podemos perder.
Brian Oliván nos salvó en el 90+2, un gol de supervivencia que nos sacó del infierno. Fue nuestro momento, el único que realmente aprovechamos cuando más falta nos hacía. La primera parte fue desastrosa, sin argumentos ofensivos, controlados por un Granada que mereció más por lo que hicimos sobre el terreno. Solo tuvimos dos ocasiones claras en todo el partido, pero de eso se trata: en esta categoría castigas o sufres.
Este triunfo es importante, sí, pero no podemos engañarnos. No jugamos bien, no controlamos, permitimos demasiado. Si el Sporting quiere pelear por el ascenso, esto no es suficiente. Necesitamos que salga la versión ganadora, la que propone y domina. Tres puntos valiosos que tenemos que aprovechar para coger confianza, pero con la exigencia de mejorar sustancialmente. Esto no puede ser nuestra referencia.