Perdimos en casa contra el Burgos 2-3, y duele. Tuvimos el partido en nuestras manos durante gran parte de la segunda mitad, con más posesión y muchísimos intentos, pero no supimos cerrar cuando teníamos la oportunidad. El Burgos nos sorprendió en los primeros veinte minutos con dos goles casi consecutivos, en los minutos 19 y 22, nos pusieron contra las cuerdas de manera brutal. Luego reaccionamos, sí, pero llegó demasiado tarde la reacción que merecíamos.
Gelabert marcó en el 53 para darnos esperanza, y Guillermo Rosas en el 71 nos igualó el partido. Parecía que íbamos a sacar al menos un punto, que habríamos remontado en El Molinón. Pero en el minuto 90, cuando la mayoría ya respiraba tranquila, Mateo Mejía nos mete el puñal por la espalda. Eso resume nuestro partido: oportunidades desaprovechadas, errores defensivos inaceptables y falta de concentración en los momentos decisivos.
No podemos competir por el ascenso si regalamos partidos así en casa. Tuvimos 29 tiros, solo 9 a puerta. Eso es ineficacia pura. El equipo tiene que mejorar drásticamente la defensa y la efectividad. En Segunda División no se puede jugar a este nivel si queremos soñar con Primera.