Volvimos a casa sin nada. El Almería nos dominó de principio a fin en el Power Horse Stadium y nosotros apenas tuvimos capacidad de reacción. Gaspar Campos nos puso por delante en el minuto 24, pero fue un espejismo. Desde ahí, fuimos decayendo progresivamente mientras ellos ejercían un fútbol superior, controlando la posesión con ese 68% que refleja perfectamente quién mandaba en el terreno de juego.
Embarba igualó en el 55 y nos pusimos cuesta arriba. Los expulsados no ayudaron —dos tarjetas rojas que no necesitábamos—, pero la realidad es que incluso con once contra once no estábamos en condiciones de competir. Sergio Arribas sentenció en el 85 cuando ya éramos un equipo desmoralizado. Solo sacamos cinco tiros a puerta de nueve totales. Así no se gana a nadie.
Esto es inaceptable si queremos pelear por el ascenso. No podemos venir a campos complicados y entregar la posesión como si no tuviera importancia. El Almería nos metió 9 tiros a puerta y nosotros apenas generamos peligro. Nos faltan ganas, intensidad y, sobre todo, inteligencia táctica. Si continuamos así, olvidémonos de la promoción. El equipo debe entender que en Segunda división no hay rivales 'regalados' y que la exigencia tiene que multiplicarse.