Eduardo Camavinga tiene 22 años, juega en el Real Madrid, ganó la Champions, y este verano es el protagonista de la historia más kafkiana del mercado de fichajes. No va al Mundial con Francia. Deschamps dijo que no. Y ahora mismo hay tres versiones oficiales de lo que va a pasar con él, y ninguna cuadra con las otras dos.
Versión 1, según los medios ingleses: Camavinga quiere salir del Madrid. Manchester United y Liverpool están esperando. Precio de salida: 40 millones de euros. La Premier League llama.
Versión 2, según Fabrizio Romano, el oráculo de los fichajes: Camavinga ama al Real Madrid y quiere quedarse. El Manchester United no ha contactado. Nada de lo que dicen los medios ingleses es real.
Versión 3, probablemente la más cercana a la realidad: el propio Camavinga está en casa, mirando el teléfono, sin saber exactamente lo que quiere. Porque con 22 años, después de una temporada irregular, sin ir al Mundial y con un entrenador nuevo que acaba de llegar, tomar una decisión de ese calibre no es fácil.
Y encima llega José Mourinho. El portugués tiene sus propias ideas muy claras sobre qué tipo de mediocampista quiere. Mourinho históricamente ha valorado el trabajo defensivo, la intensidad, los jugadores que hacen el trabajo sucio. Camavinga tiene esas cualidades, pero también tiene una irregularidad en su rendimiento que a Mourinho, que no es precisamente el entrenador más paciente del mundo, puede no gustarle.
La pregunta real es: ¿confía Mourinho en Camavinga como pieza importante de su Madrid? Si la respuesta es sí, el francés se queda y el verano pasa sin pena ni gloria. Si la respuesta es no, o incluso si es un "depende", Camavinga tiene todos los motivos del mundo para buscar un proyecto donde sea protagonista. A los 22 años, con su nivel de talento, el tiempo de estar en la sombra ya se acabó.
No ir al Mundial con Francia es un golpe durísimo a nivel personal y de carrera. A los 22 años, en un Mundial que se juega en Norteamérica con toda la atención del mundo, quedarse en casa mientras tus compañeros de generación compiten en el escenario más grande es un escenario que ningún futbolista desea. Deschamps tomó su decisión, y esa decisión tiene consecuencias.
El verano del Real Madrid promete. Mourinho en el banquillo, el mercado abierto, y Camavinga en el centro del debate. Si al final se queda, necesita una temporada de diez. Si se va, el Madrid necesita encontrar rápido quién ocupa ese espacio en el centro del campo. De cualquier manera, la historia tiene muchos capítulos por delante.