¿Qué pasa, manes? Postpartido del Sporting 1-0 Burgos: primera victoria del año y primera victoria en el templo. Sí, llega en miércoles cuando el partido fue el domingo — semana de mucho curro, muchas histories que facer, y ya tenía los MD de Instagram echando humo con el clásico «la de currar te la sabes». Perdón de corazón. Pero oye, más vale tarde que nunca, y esta vez el retraso viene con premio: hay MUCHO que contar, y casi todo bueno.
Recibíamos al Burgos de Forés y Gragera — ambos con su pitada correspondiente, faltaría más — y el partido era de doble filo total. Tras lo del lunes contra el Sabadell, que no nos gustó a nadie (creo que hasta ahí estamos todos de acuerdo), la pregunta era clara: Larcamón, ¿rectificas, aprendes, evoluciones… o esto va a ser defensa de cinco hasta que la muerte nos separe? Y la respuesta fue rotunda: rectificó en todo. En la alineación, en la formación, en cómo transicionaba el equipo, en cómo atacaba, en cómo defendía. Todo.
El once: Yáñez bajo palos; Guille Rosas en el lateral derecho; pareja de centrales Duñabeitia y Pablo Vázquez; Cuenca de lateral izquierdo (recién renovada la cesión y directo al once); doble pivote Corredera-Manu Rodríguez; Konrad a la izquierda, Nikita a la derecha, Gelabert en la media punta y Otero arriba. 4-2-3-1, 4-3-3, llámalo como te dé la gana — la clave es una: quitó la putísima defensa de cinco. Y de repente, orden, posiciones reconocibles y un equipo que sabía a qué jugaba.
Y lo vio rapidísimo: al poco de empezar, pase de Cuenca a la espalda y Otero finaliza perfecto para el 1-0. Gol solitario, sí. ¿Y? Firmo ganar todos los partidos del año 1-0 sin pestañear. Después hubo más: un cabezazo de Konrad (rematado regular, todo hay que decirlo), una falta de Pablo Vázquez que el portero sacó al bote con apuros, un mano a mano de Sarco al final y un pase al hueco — creo que de Gelabert — que acabó en paradón arriba del rival. Pudo caer el 2-0 tranquilamente. ¿Y en contra? Un remate rebotado que pegó en el palo de aquella manera y para de contar. Yáñez hizo un total de cero paradas de mérito. Eso también es un dato.
Los dos centrales, espectaculares — en defensa y en salida de balón. Pablo Vázquez fue un auténtico Káiser: hay una jugada en la que roba, saca el balón jugado y se pone a celebrarlo como si hubiera marcado. Eso me encanta. Duñabeitia, al mismo nivel — la peña en redes ya lo llama «Jesucristo», tampoco lo voy a discutir. Cuenca en el lateral izquierdo, sólido y clave en la salida de balón, más conservador para equilibrar a un Guille Rosas que sube como un misil — otro partidazo del de casa. Y ojo al detalle táctico: cuando atacábamos, Duña, Pablo y Cuenca se quedaban colocados atrás mientras Guille volaba con las coberturas de Corredera, que hizo un esfuerzo increíble todo el partido, y Manu Rodríguez.
Arriba, la moraleja de la semana: si pones a Gelabert en la media punta y dejas que le llegue el balón, el media punta hace coses. Para sorpresa de absolutamente nadie. Sin ser diferencial, sin jugadas de locos, pero tocó bola y se notó. Konrad bastante bien. Nikita me gusta que encare y vaya al uno contra uno, aunque a veces se vuelve yuku: tanto regate acaba en pérdida o en centros que no remata ni Van Nistelrooy. Poco a poco, rusu. Y de Otero, lo de siempre: esfuerzos arriba, esfuerzos abajo, y la única clara que tiene… la enchufa. ¿Qué más quieres?
Otra novedad que me tiene contentu: cuando Larcamón miró al banquillo, había alternativas. Debutó el canterano Ferreres, entró Nacho Martín dando estabilidad al medio, Pablo García de carrilero-lateral zurdo y Gaspar Campos a la media punta por Gelabert. Y la dirección deportiva sigue empujando: el mismo domingo se anunció a Antonio Casas, delantero cedido por el Venezia con opción de compra. Entre Sarco, Otero, Ferrari y Casas, arriba ya hay donde elegir — y sonaba algo de Nico Serrano para cerrar el mercado. Eso sí, ojo al susto de última hora con Gaspi: lo amplío en la previa.
Mi conclusión es sencilla: fue un partido años luz respecto al del Sabadell, sin ser ni de lejos perfecto. Pero lo importante no es el 1-0 — es que el entrenador demostró que no es un cabezón de sistema único: vio lo que no funcionaba, se adaptó a la plantilla que tiene y el equipo respondió al instante. Eso, a estas alturas de proyecto, vale más que tres puntos. Ahora toca confirmarlo el viernes en el Heliodoro contra un Tenerife que juega buen fútbol y llega con pleno: la primera prueba seria de la propuesta. Hay que dejar trabajar al míster — todos a una — pero que sepa que el camino es este. Puxa Sporting.
Opina como en la caja de comentarios de YouTube, pero en casa. Sé educado, guaje, que esto lo lee gente de bien.