¿Qué pasa, manes? Primer postpartido de la temporada 26/27 y ya os aviso: viene calentito. Lo grabé arrancando desde el palco de Siroko en El Molinón con un invitado de lujo, Juanma Castaño, que en caliente lo resumió mejor que nadie: «mal partido, malísimo partido del Sporting; poco fútbol, equipo blandísimo atrás». Y mira que a mí me gusta llevar la contraria, pero es que esta vez no puedo.
Empecemos por lo único incuestionable de la noche: casi 25.000 almas en El Molinón, un lunes laborable de agosto, con media Asturias de vacaciones y la campaña de abonados rozando los 24.000. No estamos bien de la cabeza, y a mucha honra. La Mareona cumplió su parte del contrato. La otra parte… vamos a ello.
Salimos con Yáñez bajo palos y una defensa de cinco —y no me discutáis que eran tres centrales, que lo vimos todos— con doble pivote por delante. Cagados en casa, contra un recién ascendido, en tu estreno ante tu gente. Y mira, te compro jugar con cinco atrás si el equipo está trabajado en ese sistema y te hace sólido. Pero es que ni jugamos bien, ni fuimos sólidos, ni sacamos un balón jugado en toda la noche. Un coladero con seis tíos atrás.
No sé cuántos años llevo haciendo postpartidos ni cuántos entrenadores iluminados han pasado por aquí, pero el dato es este: cero entrenadores han hecho algo bueno en el Sporting con defensa de cinco. Cero unidades. Y volvemos a reinventar el fútbol en El Molinón. Cojonudo, vamos a ir de maravilla así.
Mención especial para los saques de puerta, que me tuvieron al borde del infarto: línea de cinco a la altura del área pequeña, el Sabadell clavado arriba, dos o tres pases de riesgo que parecían para el rival… y patadón final en inferioridad para que Otero, Sarco y Gelabert se buscaran la vida. Una vez, vale, lo pruebas. Pero fueron TODOS así. Y el entrenador, erre que erre.
Yáñez, nota alta: paró lo que llegó y salvó una pila de balones a la espalda. Guille Rosas, el mejor del partido con diferencia — atrás, en medio y arriba, con dos ocasiones incluidas. El capitán es él, me da igual quién lleve el brazalete. Nikita, voluntarioso pero fuera de sitio: es extremo y jugó de carrilero, así que a la hora de defender ya me diréis. Gularte… fuera de bolos: potente al choque pero lento, mal en la salida de balón y con arrancadas de Sergio Ramos que no entendía nadie. Juanma lo dijo más fino que yo: «muy flojo». Pablo Vázquez y Diego Sánchez, sin errores gordos pero presos de un sistema que pide centrales rápidos y con buen pie, justo lo que no tenemos. El doble pivote de Corredera y Manu se desgastó defendiendo porque sala de máquinas no hubo. Gelabert, preso del sistema: obligado a bajar, sin balón limpio para inventar. Y Otero y Sarco arriba, pobrinos: viendo pasar patadones por encima de la cabeza toda la noche. No pudieron hacer más.
El palo gordo de la noche. Debutaba Hugo Guillamón, el fichaje que más ilusión me hace de todo el verano, y duró cinco minutos en el campo. A la hora de grabar el vídeo no se sabía el alcance de la lesión, y me jode especialmente porque este tío puede ser el mejor centrocampista de la categoría si está bien. De los cambios, poco más: Konrad jugó de delantero centro —yo lo vi de extremo brillante en el Ceuta el año pasado, veremos esa reconversión—, y minutos para Nacho Martín, Duñabeitia y Pablo García.
Del Sabadell, chapó: para ser un recién ascendido los vi muy serios, alegres con el balón y metiéndonos en apuros. Aunque también os digo: facilidades les dimos todas.
Quedan dos semanas de mercado y pueden pasar cosas en las dos direcciones: que fichen algo decente que dé alternativas a Larcamón… o que nos levanten a Gelabert, a Guille Rosas o a Otero y nos quedemos en bragas. Y lo del rumor de Manu García, que muchos me preguntáis por MD: tranquilos, para aquí no viene, 100% confirmado. Además, pensadlo en frío: si juegas con cinco atrás y Gelabert no encuentra sitio, ¿para qué quieres otro mediapunta?
¿Mi conclusión? Bastante decepcionado con el arranque. Tenemos cuatro de los cinco primeros partidos en casa y ya hemos gastado uno. Esta liga es muy perra, guaje: cuando te quieres dar cuenta, clin-clan, te pintaron la cara — que le pregunten al Zaragoza. Hoy me pongo alarmista: el objetivo son 50 puntos, y a partir de ahí ya hablaremos. Ojalá dentro de unas jornadas tenga que comerme este párrafo con sidra. Ojalá.
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