El Deportivo de La Coruña acaba de confirmar su ascenso a Primera División. Nsongo, dos goles en Valladolid. 0-2. Hecho.
Y yo, que soy del Sporting de Gijón, estoy aquí escribiendo esto. Así que ya sabéis desde qué sitio os hablo.
Estuvieron cuatro temporadas en Primera Federación — tercera categoría, por si alguien lo ha olvidado. Lucas Pérez, que había jugado en el Arsenal y en media Liga española, volvió a A Coruña cuando el club estaba hundido. No por dinero. Porque era su casa. Marcó el gol del ascenso a Segunda en 2024. Y este año, con Yeremay, Mario Soriano y Nsongo, han hecho dos ascensos en dos temporadas. Eso no es suerte. Eso es trabajo.
Y sé que tienen historia. La Liga del 2000, el Mago Valerón, Djalminha, el 4-0 al AC Milan en Riazor en 2004 — la mayor remontada de la historia de la Champions — y todo lo demás. No hace falta que me lo cuenten.
El Sporting lleva años en Segunda. Este año terminamos en mitad de tabla, cambiando de entrenador, sin haber estado cerca de nada. Somos un club con historia, con una afición que llena El Molinón y se deja la voz en cada campo. Como los del Depor.
Y por eso duele más. No me jode que suba el Dépor. Me jode que el Sporting no sepa subir. El Dépor bajó hasta tercera y encontró la manera de volver. Nosotros llevamos una década dando vueltas en Segunda sin encontrar nada.
Y encima, ahora que lo pienso, también echaré de menos los on tour a A Coruña. Porque ir de visitante allí era otra cosa. La ciudad, el pulpo, ese ambiente después del partido. Eso ya no va a pasar. Porque cuando el Dépor juegue en casa nosotros estaremos en Segunda, y cuando el Sporting llegue a Primera — si llega — seguro que ya estaréis enganchando competición europea o algo, no va a ser lo mismo, será de tú a tú, pero no como hasta ahora.
Así que nada. Enhorabuena. Disfrutad la Primera División.
Y esperadnos. Que en algún momento el Sporting también aparecerá por allí.
O eso espero.