Opinión · Sporting

Subimos fijo, ho, que viene Larcamón: crónica de una afición quemada

Elopi23
Elopi23
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8 de junio de 2026
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Hay frases que en Gijón ya no se dicen, se susurran con miedo, como quien nombra a un fantasma. Y la favorita de este junio es la madre de todas: «este año sí». Otra vez. La número… he perdido la cuenta, sinceramente. Pero tranquilos, porque esta vez es diferente. Esta vez viene Larcamón. Y con Larcamón, según parece, viene el ascenso, el buen fútbol, El Molinón a reventar y probablemente la paz mundial.

Subimos fijo, ho. Lo dijo el míster, lo bendijo Riestra y lo firmó Orlegi. Cierra los ojos, paga el abono y déjate llevar.

El discurso de siempre, con acento nuevo

Que conste: a mí Larcamón no me cae mal. Argentino de La Plata, 41 años, intenso, de los que pisan El Molinón y dicen que «esto, cuando se prenda, explota». Viene de dejar buen recuerdo en el Cruz Azul y antes ganó la Concacaf con el León. Genial. Me encanta. El problema no es el discurso, es que llevo oyendo el mismo discurso desde hace tantos veranos que ya me lo sé de memoria, palabra por palabra, como el Cumpleaños feliz.

Cada entrenador nuevo llega convencido de que él es el elegido. Cada presidente jura que ahora va en serio. Cada pretemporada es la definitiva. Y cada mayo nos comemos un play-off por la gloria o, directamente, un mediodía de tabla mirando más hacia abajo que hacia arriba.

😏 Pero esta vez es distinto: tenemos un argentino con carisma y una frase motivadora. ¿Qué podría salir mal?

La parte que más gracia me hace: ahora pagamos nosotros

Aquí viene mi parte favorita del guion. El club, después de una temporada para olvidar, escribe una carta preciosa a los socios. Asume responsabilidades —bien, eso se agradece, en serio— y acto seguido nos tiende la mano. Una mano abierta. Hacia arriba. Ya sabéis para qué.

Inyección de capital, plantilla nueva de diez o doce fichajes, revolución total… todo muy bonito. Y nosotros, la grada, poniendo la fe y la cartera, como siempre. Que ojo, dicen que no suben el abono. Faltaría más. Después del añito que nos han dado, subirlo sería ya nivel villano de película. Pero el mensaje de fondo es el de toda la vida: «confiad, que esta vez lo hacemos todo genial».

📄 Llevamos tantos años «haciéndolo todo genial» sobre el papel que el papel ya debería ascender solo a Primera.

¿Subir… o quedarnos con la medalla que nadie quiere?

Y aquí está el miedo que ningún directivo te va a contar en rueda de prensa. Porque este mismo año hemos visto los dos finales posibles, en directo y sin spoilers, en dos históricos como nosotros.

El final feliz: hacer un Depor. El Deportivo se cayó hasta el infierno de Primera RFEF, tocó fondo de verdad, se reconstruyó desde el barro y este año ha vuelto a Primera ocho años después. Ese es el camino bonito, el que todos firmamos con los ojos cerrados. Y no es una leyenda que se cuenta a los niños: acaba de pasar, esta misma temporada.

Y el final amargo: hacer un Zaragoza. Otro histórico instalado en la Segunda eterna, prometiendo el asalto a Primera cada verano… y que esta temporada, en lugar de subir, se ha ido derechito a Primera RFEF. Colista. Descendido a la tercera categoría. Y ojo al detalle que más duele: con unos de los abonos más caros de toda la categoría, esos que estaban justo por delante de los nuestros en la lista de precios. Cobrar entradas de Primera para acabar jugando en el barro.

🥇 ¿Y adivina quién hereda la medalla que nadie quiere lucir? Con el Depor de vuelta en Primera y el Zaragoza camino de Primera RFEF, el Sporting encara en 2026-27 su décima temporada seguida en Segunda desde aquel descenso de 2017. Diez años de travesía por el desierto. Tantos, que ya somos líderes de la clasificación histórica de la categoría. Reyes de Segunda. Menudo honor.
Llevamos tantas siestas en Segunda que el despertador ya suena flojito.

¿Cuál de los dos caminos seremos? Ni idea. Pero después de tantos «este año sí», entenderéis que la fe me la guarde para cuando vea puntos en la tabla, no titulares en junio.

Entonces, ¿paso de todo?

Pues no. Y esa es la trampa de ser del Sporting: que por mucho que te quemes, vuelves. Volvemos todos. Porque en el fondo —y esto que no salga de aquí— una parte de mí quiere creérselo. Quiere que Larcamón tenga razón. Quiere ver El Molinón prendido, el ascenso firmado y a toda esta directiva diciéndome «te lo dijimos» con una sonrisita. Os juro que firmaría tragarme mis palabras enteritas, con patatas.

Pero hasta entonces, permitidme el escudo de la ironía. Es lo único que esta afición tiene ya de serie y que no nos pueden cobrar en el abono.

Subimos fijo, ho. Que viene Larcamón. Lo que tú digas, campeón. Empieza el balón a rodar y hablamos.

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