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José Alberto y el Racing: Una Lección de Confianza que el Fútbol Necesitaba

Elopi23
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21 de mayo de 2026
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Puntos clave Generado con IA

En el fútbol moderno, la paciencia es una especie en peligro de extinción. Los entrenadores duran lo que tardan los resultados en torcerse, las plantillas rotan más rápido que las estaciones y los proyectos a largo plazo son una rareza que hay que observar con respeto casi arqueológico cuando aparecen. Por eso, lo que ha construido José Alberto López en el Racing de Santander merece algo más que un titular de ascenso. Merece una reflexión.

El punto de partida: un equipo sin rumbo

Cuando José Alberto llegó al banquillo de El Sardinero en diciembre de 2022, el Racing atravesaba uno de esos momentos que en los clubes con historia pesan el doble. El equipo no encontraba estabilidad. La afición, que lleva más de una década viendo cómo el club que una vez compitió en Primera División malvivía entre Segunda y categorías inferiores, empezaba a cansarse de falsas promesas. Ese ambiente espeso, difícil de gestionar, que solo conocen quienes lo han vivido desde dentro.

El asturiano llegó con la encomienda de enderezar el barco a mitad de temporada. Sin margen de error, sin la tranquilidad de una pretemporada para imprimir su sello. Lo que muchos entrenadores hubieran rechazado, él lo aceptó. Y al final de esa primera campaña, el Racing no solo salvó la categoría, sino que terminó en una más que digna décimosegunda posición.

14 años. El tiempo que el Racing de Santander llevaba fuera de la Primera División cuando José Alberto logró el ascenso el 16 de mayo de 2026.

Las temporadas de "casi": dominar sin cerrar

Lo que vino después es la parte más incómoda y más honesta. Durante las siguientes temporadas, el Racing de José Alberto fue un equipo que generó esperanza real. Pasajes de juego sólido, posiciones altas en la clasificación, momentos donde Santander volvía a soñar. Y luego, cuando llegaba el momento definitivo —el playoff, la recta final— algo se atascaba. El equipo no terminaba de dar el salto. Las redes sociales pedían cabezas. El ruido exterior presionaba.

En esos momentos es donde se mide a una directiva. Porque lo fácil, lo que haría el 90% de los clubes en el fútbol moderno, es cambiar de entrenador. El Racing no lo hizo. Confió. Siguió creyendo en el proceso, en el hombre y en el proyecto. Una decisión que en su momento fue cuestionada y que hoy, a la luz del resultado, merece reconocimiento explícito.

💬 "En el fútbol, la confianza es la moneda más escasa. Los clubes la dan con cuentagotas y la retiran con facilidad. El Racing de Santander eligió invertirla cuando era más difícil hacerlo."

El hombre detrás del banquillo

Para entender a José Alberto hay que retroceder mucho más allá de su primera rueda de prensa en El Sardinero. Hay que volver a Oviedo, a principios de los años 2000, a un chaval de 18 años al que una enfermedad reumática le arrebató el sueño de ser futbolista. No hubo drama público. Simplemente, el cuerpo dijo basta y él tomó una decisión: si no podía jugar, enseñaría a jugar.

Para pagarse los estudios de Magisterio y Pedagogía trabajó de reponedor en IKEA. Turno de madrugada, con entrada a las cuatro de la mañana. Su rutina diaria era así: almacén, universidad, entrenamiento con niños, y a dormir cuatro horas antes de que volviera a sonar el despertador. Años así. Sin atajos, sin padrinos, sin red.

Esos niños eran del Astur CF, el club donde José Alberto pasó casi una década aprendiendo el oficio en la oscuridad total de las categorías inferiores. En 2008 llegó la llamada de Mareo, la ciudad deportiva del Sporting de Gijón. Allí pasó cinco años formando a niños en los escalones más bajos, puliendo una metodología que no se aprende en ningún curso de UEFA sino a base de repetición, fracaso y reinvención.

El Mirandés llegó en 2020, su primer proyecto en solitario en el fútbol profesional de verdad. Décima posición en Segunda. Solvente, ordenado. Luego el Málaga, donde la historia se torció de manera injusta: un 0-5 en enero de 2022 le costó el puesto en un club en caos institucional que habría necesitado exactamente el tipo de reconstrucción paciente que él sabe hacer. En otro entrenador, esa destitución podría haber dejado cicatriz. En él, parece que no lo hizo.

El 16 de mayo de 2026: cuando la paciencia tiene premio

El 16 de mayo de 2026, el Racing de Santander venció al Real Valladolid por 4 goles a 1 y selló matemáticamente el ascenso a Primera División con dos jornadas de anticipación. Catorce años después de haber bajado, el Racing volvía a la élite. Con el mismo entrenador que llevaba tres años y medio al frente. Con una afición que había aprendido —no sin dolor— que esperar también puede ser una forma de ganar.

José Alberto se convirtió en el cuarto entrenador con más partidos en la historia de un club fundado en 1913. Para un entrenador que llegó en diciembre de 2022 a apagar fuegos, ese lugar en la historia no se improvisa. Se trabaja, partido a partido, con coherencia y sin atajos.

Lo que queda de todo esto

En un fútbol cada vez más cortoplacista, más ansioso, más gobernado por el ruido de las redes y la impaciencia de los resultados inmediatos, el Racing de Santander eligió un camino distinto. Creyó en su entrenador cuando no era popular hacerlo. Mantuvo el proyecto cuando la tentación de cambiarlo era máxima. Y José Alberto devolvió esa confianza de la única manera que importa en este deporte: con trabajo, con resultados y, al final, con el ascenso.

Bienvenido de vuelta a Primera División, Racing. Os lo habéis ganado. Los dos.

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