Hagamos un ejercicio mental. Eres el jugador más determinante de tu equipo esta temporada. Marcas goles importantes, das asistencias en momentos clave, el equipo funciona mejor cuando tú estás en el campo. Tu recompensa: no ir al Mundial. Eso, en esencia, es lo que le acaba de pasar a Joao Pedro con la selección de Brasil. Y sí, es de locos.
Joao Pedro no tuvo una temporada cualquiera con el Chelsea. Fue el jugador más desequilibrante del equipo en los momentos que importaban. En una plantilla llena de talento y con los problemas estructurales que han tenido los blues en los últimos años, el brasileño fue el tipo que aparecía cuando había que aparecer. Goles, presencia, liderazgo técnico. El tipo que hace que el equipo parezca mejor de lo que es cuando está en el campo.
Dorival Júnior tiene a Ancelotti en el banquillo y una generación de jugadores extraordinaria. Vinicius, Rodrygo, Neymar (de vuelta), Endrick, Raphinha... el talento ofensivo de Brasil para este Mundial es absurdo. Quizás desde ahí se puede entender la decisión: hay tantas opciones por delante que Joao Pedro, siendo muy bueno, se queda fuera por saturación de talento en su posición.
Pero aun así, es difícil de digerir. Cuando el criterio de selección no tiene en cuenta el rendimiento reciente en el club, algo falla. Joao Pedro mereció al menos una convocatoria. Lo que hizo esta temporada en la Premier League lo justificaba.
Como si no tuviera suficiente con quedarse sin Mundial, Joao Pedro tiene ahora que gestionar su futuro en un verano que promete ser turbulento. El Barcelona le considera "fantástico y necesario". El Chelsea le tiene como "pieza crucial del proyecto". El problema es que Joao Pedro juega en el Chelsea, tiene contrato, y el club inglés no quiere venderle.
Fabrizio Romano ha usado su escala máxima de complicación: "muy, muy complicado". En idioma Romano, eso significa que esto dura hasta agosto con cuatro giros de guión mínimo. Dos clubes que se necesitan mutuamente para cerrar otros traspasos, un jugador en medio sin poder moverse, y el mercado de verano haciendo lo que mejor sabe hacer: volvernos locos.
Si eres Joao Pedro, vives el verano más raro de tu vida: sin Mundial, viendo cómo dos gigantes se pelean por ti, y tú sin poder moverte del sitio. El mayor mercado del mundo es, a veces, la cárcel más cara del planeta.