¿Qué pasa, manes? Última parada de la gira por los mercados europeos: la Ligue 1, que este verano ha hecho algo que roza el arte contable — vaciarse de estrellas y forrarse en el proceso. Los números dan vértigo: más de 600 millones de euros de superávit. En Francia lo han bautizado como la saignée, la sangría. Y con razón. Vamos con ello.
La lista de salidas parece la alineación de un equipo de Champions: Bradley Barcola al Liverpool por 125 millones más 20 en bonus — la venta del verano en Europa, aunque el PSG llegó a pedir 145 —, el prodigio Ayyoub Bouaddi del Lille al Manchester City por unos 94, Gonçalo Ramos al Milan por unos 74, el central Jacquet del Rennes al Liverpool, y la joya obrera del verano: Mamadou Sangaré, del Lens al Brentford por 48 millones, la venta más cara de la historia sang et or. Hasta el Marsella se apuntó, colocando a Timber en el Crystal Palace y revendiendo a Medina al Leverkusen. Francia produce, Europa paga: el modelo de negocio más rentable del fútbol.
¿Y con toda esa caja qué hizo el PSG? Pues algo impropio de su historia: fichar con cabeza. Seis llegadas, y dos con nombre y apellido. La primera, Maghnes Akliouche por 50 millones al Mónaco — la mayor compra de toda la liga, el talento más eléctrico del fútbol francés quedándose en Francia, que ya es noticia. La segunda nos toca de cerca: Ferran Torres, el héroe del MetLife, el de la segunda estrella, cambiando el Camp Nou por el Parque de los Príncipes tras salir del Barça — movimiento que ya os conté desde el lado español en el resumen de LaLiga. Completaron Lucas Digne para el carril, el joven Godts y los proyectos Ayari y Longoni. Luis Enrique, sin Barcola, tiene delantera nueva. Y a Luis Enrique, dudarle nunca salió gratis.
Fuera de París, el mercado francés fue un ejercicio de ingeniería: el Lens respiró gracias a los 48 kilos de Sangaré, el Estrasburgo volvió a ser la sucursal hiperactiva de la galaxia Chelsea, el Lyon y el Lille vendieron para cuadrar cuentas como cada agosto, y una lluvia de cesiones mantuvo con vida al resto. La Ligue 1 asume su papel sin complejos: ser la mejor escuela de Europa. Cada verano se le llevan la cosecha, y cada primavera aparece otra. Akliouche era el siguiente en salir y se quedó: para la liga, eso vale casi tanto como los 600 kilos de superávit.
Veredicto: deportivamente la liga pierde peso; económicamente es la más sana del continente junto a la Bundesliga. Y mientras el PSG siga jugando Champions con Luis Enrique al mando, Francia seguirá teniendo voz en Europa. Fin de la gira por los mercados, manes: cinco ligas, un verano histórico y todos los enlaces aquí abajo. PUXA. 🔴⚪
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