Ronaldo
«el Fenómeno»
Se crió en Bento Ribeiro, un barrio del extrarradio de Río. Con diecisiete años ya estaba en el Cruzeiro marcando goles a un ritmo que no tenía sentido para su edad, y con diecisiete años y medio estaba en la lista de Brasil para el Mundial de Estados Unidos 1994.
No jugó ni un minuto. Se pasó el torneo en el banquillo viendo cómo Romário y Bebeto ganaban la Copa. Es campeón del mundo de 1994 y no pisó el campo: tenía la edad de un juvenil.
De ahí al PSV, y del PSV al Barcelona en 1996.
Una sola temporada, 1996-97, y todavía se habla de ella. 34 goles en 37 partidos en Liga, Pichichi, y un modo de jugar que no se parecía a nada: un tío de 1,83 y ochenta y tantos kilos que arrancaba desde el medio del campo a la velocidad de un extremo y llegaba al área sin haber perdido el balón.
El gol al Compostela —recoge en su propio campo, se lleva a media defensa por delante a base de zancadas y acaba marcando mientras lo agarran— es probablemente la jugada individual más vista del fútbol español de los noventa. Aquel año ganó la Recopa de Europa, la Copa del Rey y el primero de sus tres premios FIFA World Player.
Y se fue. El Inter pagó la cláusula y el Barcelona lo perdió después de un solo curso.
Llegó a la final del Mundial de Francia como el mejor jugador del torneo. Horas antes del partido sufrió convulsiones en la habitación del hotel y lo llevaron al hospital a hacerle pruebas.
No apareció en la primera alineación que se entregó. Luego apareció. Jugó los noventa minutos y no fue él en ninguno de ellos. Brasil perdió 3-0 contra Francia y se pasó veinte años discutiendo qué había pasado esa tarde. Él tenía veintiún años.
En noviembre de 1999, jugando con el Inter, se le rompió el tendón rotuliano de la rodilla derecha. Volvió cinco meses después, en abril de 2000, para jugar la final de la Copa de Italia.
Aguantó siete minutos. La rodilla se le fue del todo, esta vez con rotura completa. La imagen de Ronaldo sentado en el césped del Olímpico, con la cara tapada y los médicos alrededor, es de las peores que ha dado el fútbol. Tenía veintitrés años y medio mundo dio por terminada su carrera.
Estuvo prácticamente dos años sin jugar.
Volvió para el Mundial de Corea y Japón sin que nadie supiera qué quedaba de él. Marcó ocho goles, incluidos los dos de la final contra Alemania, y Brasil ganó su quinta Copa del Mundo.
Se afeitó la cabeza dejándose un triángulo de pelo en la frente, y lo explicó años después con toda la naturalidad: llevaba una lesión en el muslo y quería que la prensa hablase de otra cosa. Funcionó tan bien que hoy el peinado se recuerda casi tanto como los goles. Aquel año ganó su segundo Balón de Oro, cinco después del primero y con dos rodillas rotas entre uno y otro.
Fichó por el Real Madrid en 2002 y debutó marcando, con el Bernabéu puesto en pie contra su propio criterio. Ganó dos Ligas y fue parte de los Galácticos hasta 2007.
En el Mundial de Alemania 2006, ya lejos de su mejor forma, marcó tres goles y con ellos llegó a quince goles en Copas del Mundo: récord histórico, por delante de Gerd Müller. Lo mantuvo ocho años, hasta que Miroslav Klose lo superó en 2014.
Acabó en el Milan y volvió a Brasil, al Corinthians, donde se retiró en 2011. Después ha sido propietario de clubes a los dos lados del Atlántico, entre ellos el Valladolid.
Que el patrocinador presionó a la selección para que jugase el mejor jugador del torneo pese a lo que había pasado esa mañana, porque tenía contratos firmados y una campaña en marcha.
Que nunca se ha demostrado. La versión se hizo tan popular que el Parlamento brasileño abrió una comisión de investigación sobre los contratos de la CBF con la marca; la comisión no encontró pruebas de que se manipulara la alineación. Lo que sí está documentado es el episodio médico de esa mañana, la entrega de una primera alineación sin él y el cambio posterior. Que la presión comercial existía en el fútbol de entonces es evidente; que esa presión decidiera aquella alineación, no se ha probado nunca.

Es el futbolista que más veces ha jugado con Inglaterra: 125 internacionalidades, un récord que sigue en pie décadas después. Y jugó más de mil partidos de liga, otra marca que probablemente no se rompa.
Con el Nottingham Forest de Brian Clough ganó dos Copas de Europa seguidas, en 1979 y 1980, con un equipo que había subido de Segunda tres años antes.
Pero si alguien lo va a recordar para siempre es por un salto que no llegó. El 22 de junio de 1986, en el Azteca, era el portero al que Maradona le metió la Mano de Dios. Cuatro minutos después le metieron también el Gol del Siglo. Nunca ha perdonado lo primero: décadas más tarde seguía diciendo que le habría bastado con que Maradona lo admitiera.

El mejor futbolista que ha dado Estados Unidos y el primero de su país en ganar una Champions League, con el Chelsea en 2021. Se formó en el Borussia Dortmund, donde debutó con diecisiete años.
Le tocó ser la cara del fútbol estadounidense justo cuando su país organizaba el Mundial. Tiene doble nacionalidad croata por su abuelo, y llegó a plantearse jugar con Croacia antes de decidirse por Estados Unidos.
Pasaron por el Sporting de Gijón y nacieron este mismo día. Aquí no hay más que los datos: preferimos nombrarlos a dejarlos fuera, y preferimos la ficha seca a inventarles una historia.
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