Francesco Totti
«Er Pupone»
Debutó con la Roma en marzo de 1993, con dieciséis años. Se retiró en mayo de 2017, con cuarenta. Entre medias no jugó en ningún otro club: veinticinco temporadas, más de setecientos ochenta partidos oficiales, capitán desde 1998.
Y no fue por falta de ofertas. El Real Madrid lo quiso en pleno proyecto Galáctico y el Milan llegó a tener el acuerdo hecho con la Roma. Dijo que no las dos veces. Era de Porta Metronia, había crecido a diez minutos del Olímpico y decidió que ya estaba donde quería estar.
En una carrera de veinticinco años ganó un solo campeonato, el scudetto de 2001, apenas el tercero en la historia del club. Ese es exactamente el precio que pagó, y lo pagó sabiendo lo que costaba.
Tenía un truco que convirtió en marca de la casa: el cucchiaio, la cuchara, el penalti picado por encima del portero. Lo hizo famoso en la semifinal de la Eurocopa de 2000 contra Holanda, en la tanda, en Ámsterdam y contra el anfitrión. Antes de tirar avisó a sus compañeros de lo que iba a hacer. Italia pasó a la final.
Cuatro años después, en la Eurocopa de 2004, le escupió a un rival delante de las cámaras y se comió tres partidos de sanción. Italia se fue en primera ronda. Las dos cosas son él.
En febrero de 2006 se rompió el peroné y se dañó los ligamentos del tobillo izquierdo. El Mundial empezaba en junio. Llegó justo, con una placa de titanio en la pierna y sin apenas ritmo.
Dio cuatro asistencias, más que nadie en el torneo. Y en octavos contra Australia, en el minuto 95, con el partido 0-0 y diez italianos en el campo, le tocó a él tirar el penalti que metía a Italia en cuartos. Lo metió arriba, sin picarlo.
Italia ganó aquel Mundial. Totti se retiró de la selección poco después, con cincuenta y ocho internacionalidades.
La temporada 2006-07, ya pasados los treinta y después de haberse roto el tobillo, marcó veintiséis goles en la Serie A: máximo goleador de Italia y Bota de Oro europea, el trofeo al mayor goleador del continente.
Fue la mejor temporada goleadora de su vida y llegó cuando ya se suponía que estaba de vuelta de todo.
Su último partido fue el 28 de mayo de 2017, contra el Génova. Dio la vuelta al Olímpico leyendo una carta con el estadio entero llorando.
Dejó la Serie A como segundo máximo goleador de la historia de la competición, solo por detrás de Silvio Piola. Otra coincidencia de este mes: Piola nació un 29 de septiembre.

Central de la Juventus y de la Italia campeona del mundo en 1982, la misma de Paolo Rossi, Marco Tardelli y Enzo Bearzot — los cuatro nacieron en septiembre, entre el 23 y el 27.
En aquel Mundial le encargaron dos trabajos imposibles y cumplió los dos. En la segunda fase marcó a Maradona, que entonces tenía veintiún años, y lo sacó del partido a base de faltas: la estadística de aquel día habla de más de veinte entradas sobre él. Cuatro días después le tocó Zico, en el 3-2 a Brasil, y le rompió la camiseta de tanto agarrarla.
Su frase, cuando le reprocharon los métodos, es de las que definen una época: «el fútbol no es para señoritas». Años después, como entrenador, fue campeón de Europa sub-21 con Italia.

Neerlandés, ayudante de Rinus Michels en la Holanda que ganó la Eurocopa de 1988 y después seleccionador de su país en dos etapas distintas.
Ha entrenado a una cantidad de equipos y selecciones difícil de igualar: Países Bajos, Rangers, Corea del Sur, Zenit, Bélgica, Serbia, Sunderland, Irak, Curazao. Con el Zenit de San Petersburgo ganó la Copa de la UEFA en 2008 y después la Supercopa de Europa al Manchester United. Ha seguido firmando contratos pasados los setenta y cinco años.
Pasaron por el Sporting de Gijón y nacieron este mismo día. Aquí no hay más que los datos: preferimos nombrarlos a dejarlos fuera, y preferimos la ficha seca a inventarles una historia.
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