Henrik Larsson
«las rastas de Celtic Park»
Hijo de madre sueca y de padre caboverdiano, se crió en Helsingborg, en el sur de Suecia, y no dio el salto pronto: pasó por el Högaborg y por el Helsingborgs antes de que el Feyenoord se fijara en él con veintitrés años.
En Holanda fue un delantero correcto y poco más. Lo que cambió su vida fue irse a Escocia en 1997, a un Celtic que llevaba nueve años sin ganar la liga y que estaba a punto de ver a su eterno rival ganar la décima seguida.
Su debut fue un desastre: un pase suyo acabó en gol del rival. Siete temporadas después se fue con 242 goles, cuatro ligas y la condición de King of Kings, que es como todavía se le canta en Celtic Park.
En octubre de 1999, en un partido de Copa de la UEFA en Lyon, se le quedó la pierna trabada en un choque. Fue una doble fractura y las imágenes no se emitieron enteras. Tenía veintiocho años y se habló abiertamente de retirada.
Estuvo ocho meses fuera. Volvió para la temporada 2000-01 y marcó cincuenta y tres goles en todas las competiciones, ganó la liga, la copa y la copa de la liga, y se llevó la Bota de Oro europea. No hay muchas vueltas así en la historia del fútbol.
En 2003 llevó al Celtic a la final de la Copa de la UEFA en Sevilla. La perdieron 3-2 contra el Oporto de Mourinho en la prórroga. Larsson metió los dos goles del Celtic, los dos de cabeza.
Se fue al Barcelona en 2004, con treinta y dos años y gratis. Ganó dos Ligas siendo casi siempre suplente de Eto'o, y su último partido de azulgrana fue la final de la Champions contra el Arsenal.
El Barcelona perdía 1-0. Entró en el minuto 61. En cinco minutos cambió el partido: primero le dejó el empate a Eto'o con un control y un pase al hueco, y después, en su última jugada como jugador del Barça, metió un pase atrás de espaldas a la portería para que Belletti hiciera el 2-1.
Ronaldinho, que ganó el Balón de Oro aquel año, lo resumió después: la gente hablaba de él y de Eto'o, pero quien ganó la final fue Larsson. Entró de suplente en su último partido y se llevó la Copa de Europa decidiéndola.
Volvió a Suecia, al Helsingborgs, y allí habría acabado si el Manchester United no le hubiera pedido diez semanas prestadas en el invierno de 2007, aprovechando el parón de la liga sueca. Jugó trece partidos, metió tres goles y se volvió a casa el día que dijo que se volvería, sin aceptar la renovación que le ofrecieron. Ferguson pasó años contándolo como ejemplo de profesionalidad.
Con Suecia jugó 106 partidos y metió 37 goles, y estuvo en tres Mundiales y tres Eurocopas. Se retiró del todo en 2013, en el Högaborg, el equipo de su barrio, donde había empezado.

De Valencia, formado en La Masia, se fue del Barcelona con diecinueve años porque no veía hueco y se marchó al Benfica, donde se quedó siete temporadas.
En 2023 fichó por el Bayer Leverkusen de Xabi Alonso y le tocó estar dentro de una de las temporadas más raras que se recuerdan: el Leverkusen ganó la Bundesliga 2023-24 sin perder un solo partido, rompiendo once años seguidos de Bayern. Grimaldo, desde el lateral izquierdo, acabó con números de extremo.
Es uno de los mejores lanzadores de falta directa del fútbol europeo actual, y eso en un puesto donde normalmente no se le pide a nadie que marque.

Debutó en la Bundesliga con el Schalke a los diecisiete años y a los veinte ya era campeón del mundo con Alemania, en Brasil 2014, aunque no llegó a jugar la final.
Iba a ser el jugador de la década alemana. Pasó por Wolfsburgo y por el PSG, ganó de todo en Francia y sin embargo nunca acabó de ser el futbolista que todo el mundo esperaba. En 2017 fue el mejor jugador de la Copa Confederaciones que ganó Alemania, y ese fue su techo.
Es un buen recordatorio de que en el fútbol lo difícil no es llegar con dieciocho años: es seguir estando a los veintiocho.
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